Me desperté sudando, como en mi sueño. Mi madre había
vuelto; su preciosa sonrisa, su ternura, su delicadeza. Se había ido para
siempre, pero hoy la sentía conmigo; sosegando mis amargos recuerdos sobre su
pérdida. Papá y ella se amaban tanto…me prengunto cuál sería aquel secreto que
guardaban tan celosamente. Era
consciente de que mi vida era un auténtico puzzle, pero algo me decía que,
aunque consiguiese hilvanar todos mis recuerdos, aún habría algunas piezas
perdidas.
Me levanté para beber agua, tenía la boca completamente
seca, casi como mi cerebro…y ahí estaba el nuevo Don quijote: Alejandra Hasna Pouluán
Gazani. Sólo que a mí no se me había secado el cerebro de leer novelas de
caballerías, sino de un simple, aunque algo dramático golpe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario